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El intento de controlar con fines malos o encubiertos es dañino y lleva consigo el ingrediente del desconocimiento. La persona que está intentando controlar, en realidad no está controlando. Simplemente procura controlar, y sus esfuerzos son, en su mayoría, indefinidos y nada positivos, características que, por supuesto, el control en sí no tolera. Cuando se introduce desconocimiento en el control, el control puede volverse desagradable, pero no se convierte en una realidad. Si alguna vez has tratado de controlar tu coche de forma encubierta, entenderás lo que esto quiere decir. Si manejaras el volante de tal forma que el coche no “supiera” por dónde debería ir, entonces, pronto te verías metido en dificultades. Tienes que manejar el volante de un coche de tal modo que el coche gire en las curvas apropiadas y mantenga un curso recto si el camino es recto. No hay nada oculto respecto a tu intención de controlar el coche, y no hay nada desconocido acerca de la respuesta del coche. Cuando un coche deja de responder a tu manejo del volante, el control ha dejado de existir.
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